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El por qué de la no existencia de la individualidad, la metafísica, la naturaleza y la sociedad

 

1. La individualidad no puede ser representada

Inicialmente, no debería ser muy complicado representar la individualidad, ya que la individualidad se define por dos únicas características: el individuo es único y libre. Pero esta misma falta de características hace que sea extremadamente difícil representar al individuo. A modo de clarificación, sigue un pequeño ejemplo: imaginémos que soy único porque tengo un talento especial para jugar al fútbol. Si preguntamos un poco más acerca de las características de mi talento, podría ser que mi talento radicase en

Podríamos realizar especulaciones parecidas con la noción de la libertad. En cualquier caso, sea cual sea la caracterización que utilice para el individuo, siempre acabaremos en una dimensión diferente a la individual. De ahí que sea extremadamente difícil localizar en un texto individualidad real.*

2. La metafísica está demasiado ausente

La metafísica se caracteriza por no tener ninguna característica, y es que la metafísica es aquello que está más allá de la física, lo que sabemos, es el misterio que rodea el mundo y la vida. ¿Cuál es la respuesta a estos misterios? ¿Qué hay más allá de la muerte? ¿Qué es el mal, dónde y cómo se origina? ¿Por qué tengo que sufrir? ¿En que manera sentimos y percibimos la realidad de manera diferente a cómo lo hacen otros? Dado que no hay 'respuesta objetiva' a estas preguntas, algunos fiolósofos famosos, como Wittgenstein y Levinas, se han aventurado a decir que no deberíamos hablar sobre la metafísica. Ésto no es necesario, pero tenemos que vivir con el hecho, hasta cierto punto contradictorio, de que la metafísica existe, pero que no sabemos lo que es. Dado que la metafísica existe pero en cierto modo no es nada, recorre un camino similar al de la individualidad (cuya especificidad extrema también la lleva a la nada): se convierte en algo diferente, preferentemente naturaleza o sociedad.

3. La naturaleza está demasiado presente

Desde una postura un poco más filosófica (aunque no soy filósofo, hay cosas que son muy básicas), el ser no se puede representar. Si se hace, deja de ser para ser otra cosa. Dado que hemos deifnido la naturaleza como aquello que es, nos encontramos con un problema a la hora de representarla.

Si nos alejamos un pcoo de la filosofía y nos adentramos en la cultura occidental desde la modernidad, nos encontraremos con que uno de los primeros modernos, el pensador ilustrado Voltaire, llamaba a la naturaleza "Le grand tout". Esta omnipresencia de la naturaleza sugiere que la naturaleza está demasiado presente en nuestro entendimiento contemporáneo de la realidad. una manera de entender la razón de esta presencia excesiva desde la modernidad radica en la capacidad huamana de resolver parcialmente el misterio de la realidad a partir de una perspectiva parcial: la de la racionalidad científica.

El discurso científico ha sido el único que nos ha permitido entender la realidad hasta el punto de predecir y controlar los movimientos de la naturaleza (al menos es lo que pensamos). A través de la ciencia y la tecnología que ésta crea, hemos sido capaces de dominar a la naturaleza. La sensación de que la naturaleza responde a nuestras preguntas científicas de una manera en que la sociedad, la metafísica y el individuo nunca harán conlleva la sensación de que todas estas dimensiones se pueden reducir a lo natural tal y como entiende la ciencia en sus muchas versiones, ya sean bio- y físico-químicas, atómicas o subatómicas. Hay suficientes estudios que muestran que la reducciónn de la mente a la materia no representa la opción más científica o racional (ver Jonas & Nagel),* y sin embargo eso no cambia la impresión de que todo se reduce a la naturaleza.*

Desde Einstein, la presencia de la naturaleza se ha multiplicado, ya que las teorías de Einstein están basadas en un entendimiento de la naturaleza que une todas las dimensiones físicas posibles (la dimensión del tiempo y las tres del espacio). La cuoltura occidental contemporánea ha extendido la presencia de la naturaleza a todos los rincones del universo: la naturaleza los es todo. Esto, sin embargo, crea un problema difícil de resolver: si la naturaleza lo es todo, se convierte en nada.

4. La falta de aceptación de la sociedad

Las cuatro dimensiones valen por igual. Sin embargo, cada sociedad favorece ciertas dimensiones en detrimento de otras. La cultura occidental contemporánea tiende a valorar muy poco la dimensión social. Una manera de explicar esta falta de aprecio la podemos hallar en la gran diferencia existente entre sociedades pre- y post-industriales (las sociedades occidentales contemporáneas son, claramente, sociedades post-industriales):

Sociedades pre-industriales: en las sociedades pre-industriales,

  1. las condiciones de vida eran precarias: no se entendía la manera de operar de una naturaleza que constantemente amenzaba la existencia de las personas hasta un extremo difícil de imaginar en el mundo moderno (la muerte, por ejemplo, formaba parte de la vida cotidiana del individuo).
  2. las comunidades humanas solían ser poco numerosas, por lo que los vínculos y las obligaciones sociales estaban mucho más ligados al 'tú' conocido, más que, como suele ser común hoy en día, human communities tended to be small, wherefore social bonds and obligations were much more firmly tied to a known 'you', a una entidad abstracta en tercera persona.

Dadas estas circunstancias, resultaba esencial la necesidad del individuo de sentirse parte de una comunidad cuyas reglas sostuvieran a sus miembros desde el punto de vista material, moral y afectivo, y en las cuales el individuo también cumpliera una función de apoyo a la sociedad. Estas mismas circunstancias hacían que formas radicales de individualismo o valoraciones muy positivas de la naturaleza carecieran de sentido. Había pues razones para experimentar la sociedad como un bien no sólo positivo, sino también natural.

Sociedades post-industriales: en las sociedades modernas contemporáneas solemos sentir que nuestra integridad física está asegurada. Experiemntamos que los avances de la ciencia y la tecnología nos ayudan a dominar la naturaleza. En la medida en que esto ocurre, se desarrolla nuestro deseo de individualidad, y así lo hace nuestra atención a nuestros deseos naturales primarios (nuestra naturaleza). En la misma medida, nuestro interés por la metafísica y nuestro aprecio por la sociedad disminuyen (en lo que se refiere a la metafísica, por ejemplo, ya no nacemos ni morimos en nuestra cama. El misterio del nacimiento y de la muerte tienen lugar en lugares anónimos, desligados de nuestra realidad cotidiana). En lo que se refiere a la sociedad,

  1. el anonimato crece, sobre todo de dos maneras: [1] las comunidades humanas se hacen más numerosas, y debido a ese crecimiento, crece el anhelo de privacidad (ver arriba); [2] la sociedad se presenta al individuo como una infraestructura, una serie de instituciones más que un 'tú'. Pagamos para sufragar su existencia (a través de los impuestos) y exigimos de ellas la seguridad que la ciencia y la tecnología no nos pueden garantizar.
  2. muchas veces, la seguridad que nos garantiza la compramos con nuestra libertad. Cuanto más seguridad se nos ofrece, más libertad deseamos (ver módulo 1.3).

La consecuencia de esta visión de la sociedad es la siguiente:

  • no nos sentimos ligados afectivamente a las instituciones sociales
  • cuando ocurre alguna desgracia (por ej. un accidente de automovil), y más allá de la causas inmediatas (por ej. un conductor boracho me embistió), buscamos la responsabilidad final en la instuitución social que debería prevenir tales disrupciones d le avida cotidiana (por ej. ¿contempla o vigila que se cumpla la institución competente la regla que impide que conductores borrachos sela peguen con otro coche?
  • experimentamos la moralidad como parte de la 'entidad social', y por lo tanto como opresiva y contra natura. La moralidad limita nuestro deseo de libertad.
daniel.candel@uah.es ©2008 Daniel Candel Bormann